sábado, 24 de noviembre de 2018

Tierra de Nadie









No es descabellado afirmar que la ciudad es una tierra de nadie, donde cada quien puede y tiene el derecho de plantar banderas. En las aceras podemos tropezarnos con Yuppies, Hipsters, Emos, Punk entre muchas tribus urbanas que asumen para sí una especie de bohemia, que no es otra cosa que persistir en sus hábitos como un culto a su propia libertad de vivir como parte de una sociedad. Obviando la paleo-política que la derecha y la izquierda traen consigo y apartándonos de la estructura aburguesada de las sociedades urbanas cualquiera que esta sea, debemos admitir que la bohemia es un aprendizaje de libertad, porque el término bohemia contiene en  misma los placeres de una vida relajada, creativa, desprovista de cánones y formulismos, y si se puede, también nos aleja un poco de la tarjeta de crédito. Debemos entender, que la actual bohemia también lleva consigo un compromiso social pero en plan creativo, algo que sin dudas, agrupa y distancia a muchas tribus urbanas, las cuales como actividad social buscan distinguirse dentro de la urbe como un colectivo excéntrico, pero definitivamente, uniforme y egótico.








Si el calificativo bohemio tiene alguna validez, este se fundamenta por la empatía y compromiso de ideales que se ajustan a una realidad posible, sobre todo, porque la creatividad puede ser rentabilizada a favor de todos lo que habitamos una urbe. Dicho esto, y respetando a esos artistas que aún arrastran la cobija por la bohemia que se respiró en el siglo XIX y principio del XX, podríamos afirmar que existe una nueva bohemia y es la que llevan los artivistas urbanos consigo, por estar más conscientes sobre la ciudad, algo que celebramos porque son una bocanada de aire fresco que nos ofrecen a los ciudadanos que de alguna manera están comprometidos con el devenir de la ciudad. Probablemente, la diferencia que tiene la nueva bohemia con respeto a la añeja, es que el conocimiento, la creación artística, el enriquecimiento intelectual, el interés por otras realidades o manifestaciones culturales, no tiene la relevancia que tuvo en el pasado, por lo tanto, no se pierde en discusiones estéticas y/o filosóficas, De resto, y salvando las distancias, la bohemia sigue siendo la misma, incluso, es más altanera, pues, la globalización ha permitido salir de nuestros propios ombligos para situarnos en los vertiginosos cambios que vive este mundo, donde las redes sociales también aportan al juego, por lo que podemos decir, que ahora mismo la bohemia es una  tienda china de bisutería, es decir, está llena de todo tipo de cosas, a precios económicos que son temporalmente útiles y que más temprano que tarde no nos servirá de nada, por lo tanto, podemos desecharla y adquirir otra, porque en el fondo, la bohemia es un componente mágico de quita y pon, para cualquier  militancia creativa, que como se dijo anteriormente, tiene un extraordinario sentido de libertad y nos regala a todos la posibilidad de hacernos ver a la ciudad como un espacio de posibilidades.


Debemos reconocer a la ciudad como la que brinda los espacios para que la bohemia se recree, desde luego, a estas altura no podemos aspira a recrear esos espacios de principio del siglo XX, como la legendaria terraza de La Rotonde en un Montparnasse donde discurría un Max Jacob, Trotsky, o un Diego Rivera, o la Coupole donde se podía tropezar con Dufy, Josephine Baker, Braque, Breton o Giacometti, o el célebre café Flore donde charlaban amenamente Sastre con Simone de Beavoir o el café Les Deux Magots en un boulevard Saint Germain con habituales como Jean Genet y Albert Camus. De hecho, estos espacios parisinos donde se le daba codazo a la realidad de una época, ahora mismo son una especie de parques temáticos para el turismo que visita la ciudad. No hay dudas que París tendrá nuevos espacios donde se reúna la vida bohemia urbana, espacios para la convivencia de filósofos, artistas, artivistas, vividores, músicos, náufragos urbanos, poetas, curiosos, excéntricos, locos y todo aquel que desee aparecer. Lo que debemos tener claro, es que estos espacio no se crean, ¡se eligen!, y genera su propia fauna abstracta que siguiendo el dicho que reza que la toda libertad tiene el tamaño correcto, por lo que podemos deducir que cada individuos en el espacio que sea, defiende su permanencia en el mundo de las ideas, por tanto, la bohemia se da en cualquier lugar, en cualquier ciudad, desde un tugurio en el barrio de Harlem donde puede surgir un Charlie Parker o un bar llamado La Cueva en Barranquilla que contó como cliente a un premio Nobel llamado Gabriel Garcia Márquez, pero hasta un escritor como el Gabo necesita de otra bohemia que nutran la suya, entendiendo la bohemia no le otorga talento a quien no lo tiene, pero si posee el don de enriquecer el espíritu, para ello cualquier espacio es perfecto.







La alcaldía de Caracas ha rescatado varios espacios citadinos haciéndole un llamado a la vida bohemia de la urbe en nombre de una ideología política sin ningún éxito aparente, esto nos refiere a esa Manhattan la cual Andy Warhol trató de convertir la bohemia en un acto publicitario y consumo masivo, lo que nos indica a clara luces, que la bohemia no obedece ni a la propaganda política ni la publicidad. No obstante, es de bien nacido es ser agradecido, y se agradece los espacios urbanos rescatados por las distintas alcaldías de la gran Caracas, porque con bohemia o sin ella, la ciudadanía no es indiferente ante la recuperación de sus espacios cívicos. Concluyentemente, no es lo mismo haber compartido bohemia a tiro de piedra con un Julio Cortázar en París, que compartir un espacio que se desea rescatar a través de una acción creativa con el apoyo de otros artivistas. Los bohemios necesariamente no tienen que provenir del mundo de la cultura, la bohemia ha cambiado con el tiempo, ha mutado, es portátil y se ha hecho más comprometida, incluso, menos dramática, de hecho, no es necesario ser de izquierda o de derecha, la mayoría de los artivistas son neo anarquista, urbanistas, ecologistas y seguidores de causas justas que depende de sí misma y no de la voluntad estratégica de un partido. Por lo que podemos concluir, que la bohemia es una actitud y un bohemio hoy en día es un ser que desde su propia libertad se sumergen en la cultura globalizada del este planeta y desde allí tratan que esta tierra de nadie tenga sentidos para todos.

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