lunes, 26 de noviembre de 2018

De Por el medio de la calle y la Ruta de los Museos a la nada.


De por el medio de la calley la ruta de los museos a la nada.

Intervención de la plataforma Taller de bicicletas en PMDLC 2011. 

Como bien sabemos, la ciudad es una sociedad de lugares, un orden de puntos que dialogan entre sí, pero también un conjunto de espacios donde los poderes político-urbanísticos suelen aferrarse al poder para controlar todo lo que acontezca en ellos, y es cuando sentimos que los espacios público están a préstamo de la ciudadanía y a la entera disposición del mercado y los órganos políticos. Lo cierto es, que los problemas sociales que habitan en estos espacios pasan a ser meras retóricas usadas como armas arrojadizas por los políticos durante las elecciones, donde evidentemente, votamos nuevamente por un alcalde que se preocupa más por la arquitectura concreta que por la arquitectura humana de la ciudad, perdiendo con ello de vista la promoción de los valores cívicos que entre muchas cosas permitan la convivencia, mientras esto sucede, los ciudadanos se acostumbran a actividades banales que los encapsulan en lugares de confort y con ello pierden esa vista periférica que solían tener de la ciudad.





Por el medio de la calle, fue un exitoso festival de carácter urbano que enlazó intervenciones urbanas con musicales y viceversa, luego de ocho ediciones fue eliminado de la parrilla cultural del municipio Chacao. Resulta, que este festival que a bases de ensayo y error conjugó azarosamente la arquitectura concreta y la arquitectura humana de la ciudad, tenía su éxito perforado por una feroz crítica vecinal que en definitiva decretó su final, todo gracias, a un alcalde que para ganarse los votos de los vecinos decidió que resultaba más fácil eliminar que corregir, sobre todo, corregir los errores fundamentales que repetían este festival en cada edición, como fue el hecho de verse desbordados por exaltados jóvenes que necesitaban un evento de caracter lúdico para reencontrarse en esta ciudad, a la vez creyeron que este tipo de evento es una patente de corso para los excesos, lamentablemente, la entonces emergente Ruta de los Museos tropezó exactamente con los mismos problemas de orden público, sobre todo, la falta de valores ciudadanos, y aunque se desconoce porque fue cancelado este ultimo, si debemos decir que ni los festivales ni los artistas son responsables de la impredecibles conducta urbana, que la ciudad como colectivo tiene que aceptar, que cuando fallan las estructuras morales de una sociedad, el caos se alimentan de ella y, es en ese momento, que los eventos en los espacios públicos y/o el arte urbano son confundidos como la colectivización de la anarquía y el vandalismo justificado, y nunca se repara en la gestión educativa que tiene la familia, los colegios y desde luego, los gobiernos locales, es decir, las alcaldías.






Cuando se realizó la llamada La Ruta de los Museos, no nos extrañó que nuestros museos nacionales e instituciones culturales afines expandieran sus actividades a los espacios público, lo han hecho en el pasado a través de bienales y otros festivales. Lo extraño estaba, que instituciones con una burocracia estética concebida con fines absolutamente políticos y fundamentados en el dogma socialista, no se desprendieron de la cultura capitalista del ocio y el espectáculo. Por lo tanto, La Ruta de los Museos no fue una estrategia cultural a favor de los museos sino que la cultura nacional no conoce otra manera de hacer las cosas, de hecho, la Ruta desapareció de la agenda cultural, mientras, se mantiene fórmulas ideológicamente más sustentable como el Filven la cual se agradece a pesar de la carga ideologica y otras formulas económicamente más "rentable" para el llamado Suena Caracas. 


Intervención de Taller de Bicicletas en la Ruta de los Museos 2012.

Gracias a estos festivales urbanos, muchos artistas se distanciaron de las distintas instituciones del arte para comprometerse con el debate público, es decir, hacer arte desde la misma ciudadanía, entendiendo cada vez mejor a la ciudad. Este hecho nos obligar a reflexionar ante la idea habermasiana de que lo público en las sociedades contemporáneas no está dado, sino sustraído, por lo tanto su construcción es una tarea. Posiblemente, los artistas cada día se hacen más conscientes que las instituciones museísticas carecen de la versatilidad y la maniobrabilidad necesaria para mantener su indiscutida hegemonía, sintiendo que el arte es un servicio público que sale de cualquier control museal para hacerse presente en las calle, donde conviven con la ciudadanía, exponiéndose directamente al público como una obra que se expone a las inclemencias climatológicas hasta deteriorarse o lo que es mejor, cediéndole la posibilidad a un renovado arte que le otorgue al espacio intervenido una remozada lectura. Aunque no es absolutamente cierto, que los artistas urbanos conservan ese espíritu de vanguardia y de solidaridad grupal que suelen perder aquellos artistas que son arropados por las galerías, es muy cierto, que el uso de la calle ha enhebrado al tejido artístico con el análisis social y que ese espíritu crítico muy propio de las vanguardias y de la legitimación del arte apoya profundamente cualquier iniciativa ciudadana como la realizada en las Puertas Abiertas del barrio el Calvario en el Hatillo. A favor, de los festivales y de los distintos eventos que asumen la calle como un escenario necesario, se podría decir, que los ciudadanos paulatinamente se han acostumbrado a mira con mayor tolerancia al arte urbano, pero también a verse con mayor tolerancia a si mismos. 



Intervención realizada durante el puertas abiertas de El Calvario 2017. 


Ahora mismo, donde había festivales crece la hierba, es decir, Caracas es una ciudad sin festivales notables al aire libre. Esta es una urbe sin eventos masivos que rompan con la cotidianidad citadina, que revisen y amplíen los compromisos con la esfera de lo público a la vez que generen nuevos espacios públicos. Ahora mismo, es cuando la ciudadanía deber imponerse, sobre todo, adelantarse a la ciudad imaginada por los poderes político-urbanísticos, porque los festivales son los espejos de la ciudad, que sin tener que entrar en el dilema de querer cambiar a la sociedad o tener la capacidad de poder cambiarla de verdad son el reflejo que nos muestra la ciudad, el arte y la ciudadanía. Desde luego, estos eventos apoyan por igual a los colectivos ciudadanos y artistas en su proyección, a la vez que apuntalan a cada ciudadano en la necesidad de tomar conciencia de su urbanidad. Por lo tanto, podemos concluir que de Por el medio de la calle y de la Ruta de los Museos pasamos a la nada.





Intervención de Taller de bicicletas en el Puertas Abiertas de El Calvario 2017.



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