viernes, 23 de noviembre de 2018

El arte de manifestarse y las protestas creativas




Durante mucho tiempo el gobierno de Hugo Chávez le ha hecho creer a la sociedad que el arte político era una colorida herramienta subordinada a la revolución, por tanto, indiscriminadamente hizo uso del mismo, direccionándolo, bajándole la magnitud hasta llevarlo a la propaganda. Antes que nada, debemos entender que el arte político es un arte irreverente que no obedece al canon, y a pesar, que no es un arte anti-gobierno, este no está al servicio de gobierno alguno, por ser un arte anti-poder dirigido al ombligo de la sociedad. Por lo tanto, no se puede llamar arte a la propaganda, a pesar, de los apegos que tienen algunos artistas con las esferas de poder y los partidos regentes de nuestra vida política. La realidad es, que es bastante común que gobiernos de izquierda denominen arte político al arte subordinado a sus intereses convertido en propaganda y, que denomine como arte revolucionario a la más simplona y frágil agitación panfletaria, lo peor, es que convierten a los artistas en elementales militantes. Ejemplo de ello fue la Bienal de Venecia de 2013 donde se representó al país con una propuestas gráficas donde participaron varios colectivos plásticos que bajo la curaduría de Juan Calzadilla llamaron "Estética de la subversión", en esta propuesta se analizó las técnicas de graffiti, del mural, las arte gráficas y la ‘venezonalidad’, desde luego, tenía ese ingrediente de propaganda política que pretendía elevar a la propuesta al olimpo del arte revolucionario, pero no escondía su parecido a la propuesta llevada por EE.UU a la Bienal de Venecia 2001 en un manifiesto homenaje al arte urbano neoyorquino, 







Del otro lado de la acera, y alejado de los museos oficialistas encontramos las diversas manifestaciones creativas realizadas en las calles de Caracas. Las denominadas protestas creativas que, por su sentido de denuncia, de resistencia y por está a medio camino entre la agitación social, fueron performances que mezclaron la herencia situacionistas y conceptualismo político característico de los años setenta, de hecho, este tipo de protestas están inscrita dentro de lo que ahora llamamos Artivismo. Estas protestas creativas en las manifestaciones tuvieron una labor poetizadora al constituirse en primer lugar en una intervención política y de allí sutilmente pasar a una acción social de carácter estético que se aclimataba de manera natural al contexto socio-histórico en el cual se vive. Obviamente, debemos ir más allá de las propuestas callejeras, para entender la carga social y política de estas protestas.

 






Es importante destacar, que muchas de estas propuestas, fueron realizadas por artistas que se sumaron a las voces de denuncia de la ciudadanía, artistas que sin proponérselo regresaron a su condición de ciudadanos, a ser seres humanos que se une a otras personas que no conocen y con cuales probablemente no coincidan jamás, pero juntos, ese día asumieron la calle para marchar en una misma dirección, tomándola como un espacio vital y propio.







Si pensamos que con protestas creativas vamos a cambiar la realidad del país, no estamos ni tibio. Sin embargo, tampoco pongamos en duda el lenguaje del arte, y que este, es lo más oportuno para subvertir la realidad, otra cosa es, que pueda realmente subvertirla. En el denominado Plantón realizado en la autopista Francisco Fajardo se observó la imaginería de muchos de los manifestantes que junto a estudiantes y colectivos culturales jugaron cartas, dominó, hicieron picnic, como la escenografía perfecta de una telúrica tranquilidad. También desplegaron pancartas, se recreó un rosario gigante y lo que llamaron la "Santa Barrera" que no era otra cosa que una barricada llena de imágenes de santos y símbolos de todas las religiones que como un gran acto de fe o una contra mágico-religiosa contaría con una masiva y empática participación. 

Es inevitable no destacar las protestas creativas de los estudiantes de la Universidad de Los Andes en la ciudad de Mérida y dos intervenciones en Caracas que tuvieron gran difusión a través de las redes, como lo fue la pancarta humana, que consistió en la intrepidez de diecinueves artistas que se colocaron al frente a la Defensoría del Pueblo, quienes, con letras estampadas sobre sus franelas blancas conformaron la frase "pude haber sido yo", a lo que debemos añadir el atrevimiento de una veintena de jóvenes artistas que se plantaron frente al Teatro Municipal durante el Festival de Teatro que cada año celebra la oficialista alcaldía de Caracas para desplegar sobre una larga tela blanca que rezaba "Salimos del Guaire, limpios de conciencia", como respuesta a las represiones que llevaron a decenas de manifestantes a cruzar las aguas servidas de rio Guaire. El hecho, es que luego de este tipo de protesta y diversas denuncias, nueve de las agrupaciones internacionales que iban participar en ese festival expresaron a través de un comunicado que no lo haría en esa edición del festival debido a la delicada situación que se vivía en el país. Lo que demuestran que en el arte de la protesta todo es cuestión de intensidad y carácter, sobre todo, si se protesta ante un gobierno represivo que estableció una especie de relación pasiva, controlada y de propaganda ideológica en todos los espacios públicos de las distintas ciudades del país.






Esto nos lleva a uno de los principales objetivos de las vanguardias, de reinsertar el arte y al artista en la vida cotidiana. Los artistas vanguardistas sintieron la necesidad de superar los estrechos límites de las instituciones tradicionales, diseñando un arte para un nuevo tipo de sociedad, donde las obras cumplirían un rol social y con ello recomponer el diálogo directo con la gente. 

Siempre encontraremos ejemplos notables en las distintas manifestaciones creativas, como la colaboración que le dieron artistas occidentales a la primavera árabe y los movimientos de indignados en Grecia y España. Por ello, ya sea, que salgamos a la calle para protestar contra el alza de pasaje o para hacer una nueva revolución, la creatividad sólo será una cuestión de intensidad, y esa intensidad junto a un pensamiento crítico nos señalará la diferencia entre poder cambiar una situación social y política, cambiar la sociedad o un gobierno y cambiarnos de verdad, todo parte, que los artistas se conviertan en ciudadanos y del sencillo acto, que es salir a la calle y atreverse.







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